Alta Sensibilidad: cuando sientes el mundo con mayor intensidad
Si eres una persona altamente sensible, es seguro que sientes las emociones, los vínculos y el entorno con una profundidad especial. Tal vez percibes detalles que otros pasan por alto, te afectan profundamente los estados emocionales de quienes te rodean o necesitas más tiempo y calma para procesar lo que te ocurre. Hay quien lo considera un tipo de neurodivergencia, término acuñado en los últimos años para describir un tipo de funcionamiento cerebral o neurológico diferente a la media.
La Alta Sensibilidad (PAS) no es una patología ni algo que haya que “corregir”. Es un rasgo de la personalidad y de tu funcionamiento psicológico que implica una manera particular de experimentar la vida: más intensa, más profunda y más consciente.
Cuando la sensibilidad duele
Muchas personas altamente sensibles hemos aprendido a ocultar o a cuestionar nuestra forma de sentir. Quizá nos han dicho «eres demasiado emocional”, que te tomas las cosas muy a pecho o que deberías ser más fuerte. Con el tiempo, esto puede generar confusión, autoexigencia, cansancio emocional o la sensación de no encajar.
Vivir con alta sensibilidad en un mundo que va rápido y exige rendimiento constante puede resultar abrumador. La sobreestimulación, la dificultad para poner límites o la tendencia a priorizar a los demás pueden llevarte a sentirte agotada/o, ansiosa/o o desconectada/o de ti. Además, hay muchas personas que no entienden el rasgo y te puedes sentir juzgada por otros en muchas ocasiones.
Cuando me identifiqué con el rasgo entendí muchas cosas de mí misma y me ayudó a aceptarme y quererme más, además de sentirme menos «bicho raro» o «inadecuada» en mi entorno.
Un espacio terapéutico para comprenderte y cuidarte
El acompañamiento psicológico es un lugar donde tu sensibilidad no necesita justificarse. En terapia podemos explorar juntas/os cómo vives el rasgo, qué necesitas para cuidarte y cómo relacionarte con el mundo sin perderte de tí misma.
El proceso terapéutico te permite:
Escuchar y validar lo que sientes
Aprender a regular las emociones
Reconocer tus límites y respetarlos
Fortalecer la autoestima y la autocompasión como autocuidado
Transformar la sensibilidad en una aliada. Es un don!
Tu sensibilidad no es el problema
Ser altamente sensible implica una gran capacidad de conexión, empatía y profundidad emocional. Cuando aprendes a comprenderte y a cuidarte, esa sensibilidad puede convertirse en una fuente de equilibrio, sentido y autenticidad.

